Dunkerque: claustrofobia en la playa

Una playa. 1940. Más de 300.000 soldados. Inglaterra, Francia y Alemania. Nueve días. Resume a la perfección el último trabajo realizado por el cineasta Christopher Nolan. Dunkerque, una historia basada en hechos reales, la primera realizada por Nolan, muestra con todo detalle el asedio sufrido por miles de hombres ingleses y franceses en una playa antes de ser controlada por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. 

Tras su rápido avance por Francia, las tropas alemanas lograron llegar hasta el norte del país acorralando así al ejército británico, que no tuvo más opción que evacuar la zona para evitar que Alemania pudiera atacar Inglaterra. Una retirada a tiempo que hoy se tiene como un milagro y un gran error por parte de los alemanes, que decidieron reservar sus tanques para otras batallas.

La película transcurre en pocos días, con tres tramas abiertas al mismo tiempo en tres puntos diferentes: tierra, mar y aire. Tres tramas que se intercalan aportando tensión durante toda la película y que acaban por entrelazarse gracias a sus personajes.

En tierra tenemos al joven protagonista, Fionn Whitehead. No se sabe de dónde viene, nada de su pasado, nada de su forma de ser y poco podemos ver de su carácter. Un individuo algo impersonal que va a representar la supervivencia en la guerra, donde cada uno lucha por salvarse a sí mismo. Pero la impersonalidad no solo afecta a su protagonista, del cual no sabemos ni siquiera su nombre, si no que es un constante.

En el mar, tres personajes parten hacia Dunkerque tras el llamamiento de civiles para rescatar a los soldados atrapados en la playa. Un padre, su hijo y el compañero de este, acudirán con un pequeño barco hacia el peligro para socorrer a los soldados. En esta trama interviene Cillian Murphy, el cual ya salió en otras películas de Nolan, como Origen (2010), y que interpreta a Tommy Shelby en Peaky Blinders. Rescatado por los civiles, representa a un soldado que se niega a volver hacia Dunkerque a rescatar a sus compañeros de batalla.

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En el aire, dos pilotos franceses son atacados y atacan repetidas veces a la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, mientras intentan sobrellevar los problemas externos que les rodean. Tom Hardy da vida a uno de los pilotos, que logra sobrevivir a los disparos alemanes a pesar de los múltiples problemas a los que se tiene que enfrentar.

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Además del uso por primera vez de la temática bélica y su particular forma de narrarlo, Nolan utiliza un reparto curioso. Además de Cillian Murphy, Tom Hardy o Kenneth Branagh, hay un personaje que llama más la atención que los demás y ese es Harry Styles. De la música a la gran pantalla hay un paso y aquí está este retoño para interpretar a un egoísta y patriótico soldado inglés al que solo le importa su culo. Me recuerda al cameo de Ed Sheeran en Juego de Tronos (Juego de Tronos: 7×01). Breve, pero intenso. La interpretación de Styles en la película va a atraer a muchas y muchos fanáticos a las salas de cine. ¿Lo habrán hecho a propósito?

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La película va sobre tensión y claustrofobia, sensaciones que se muestran a través de planos con movimientos bruscos, pero realistas, y giros. Un claro ejemplo serían las tomas aéreas, donde el espectador tiene varios puntos de vista: el del propio piloto apuntando al enemigo, la vista desde el retrovisor y una vista desde el lateral de la nave. Los planos generales y de seguimiento de los aviones realizan los mismos giros que estos, aportando movimiento a la imagen y dando la sensación de que nosotros nos desplazamos con ellos. Lo mismo pasa cuando los barcos se hunden o entra agua en el barco que iba a salvar a los protagonistas. Torpedo. El barco se inunda con las puertas cerradas y el agua retumba en su interior impidiendo la salida de los soldados. Todos bajo el agua mientras el barco se mueve. Una sensación de asfixia que se transmite cuando los pilotos no pueden salir de la cabina que se está inundando. No soporto las secuencias bajo el agua. La maestría con la que un simple hecho nos pueda transmitir esa sensación de impotencia y agobio cuando se está sentado en la butaca del cine es lo que merecen la pena de una película.

Todo gira en un entorno grisáceo, oscuro, mojado, donde domina la paleta de colores fríos, sobre todo los azules: el mar y el cielo. Colores que dan impersonalidad, como su protagonista. El único rasgo de color que podemos encontrar es en el pueblo de donde parten los civiles, en el que los coloridos edificios rompen con la frialdad. Y a pesar de ser una película sobre guerra, a penas encontramos violencia o sangre. Gracias, Nolan.

Y como no, la banda sonora está realizada por Hans Zimmer, que ya compuso para Nolan anteriormente en El caballero oscuro (2008) o Interstellar (2014). He de decir que es poco notoria durante la película ya que es algo monótona y no destaca demasiado a excepción de momentos de gran tensión como cuando un torpedo impacta contra el barco.

El objetivo del cineasta era retratar el milagro de Dunkerque y reflejar las complicaciones que sufrieron los soldados para huir con éxito de aquel corredor de arena. Esta película es uno de los estrenos más esperados del verano donde domina lo sensorial y la tensión ante la narración de los hechos.

 

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Laura Ledo

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