¿De qué habla Woody Allen durante 47 películas?

Hace unos días un redactor de MOZAS, el viejo Adrián Lede -viejo literalmente- de gran experiencia cinéfila, comentaba sorprendido después de ver por primera vez Manhattan que todas las películas de Woody Allen le parecía iguales, con temas permanentes que se adaptaban a los personajes (“Cambia a Diane Keaton por Mia Farrow y a Mia Farrow por otra cualquiera” Adrián Lede, 2017) y a la historia. Y es cierto, no tan exagerado ya que hizo películas de toda clase, por ejemplo el musical Todos dicen I love you. Pero tiene gran mérito que, después de 47 películas sean temas que no se hacen pesados ni aburridos. En parte porque el cine de Allen parece ser una extensión de su persona, su filosofía de vida o forma de pensar sobre diversos ámbitos lo plasma en su filmografía, ya sean personajes interpretados por el mismo o no.

Podríamos analizar varios aspectos recurrentes en su cine, ya dimos una visión general de sus películas en el artículo: Repasamos la (extensa) filmografía de Woody Allen, así que ahora agárrense, que vamos a pasear por los entresijos del director, por sus dramas, sus excentricidades, sus frases lapidarias y su neurosis. Bienvenidos al maravilloso mundo de religión, sexo, humor, amor, intelectualismo, política, existencialismo, muerte…¿Cómo no voy a querer a alguien así?

Un intelectual con gracia: “¿Quieres aportar algo a la humanidad? Cuenta chistes más graciosos”

La mayoría de las películas de Allen tienen un sentido del humor basado en la ironía y el sarcasmo muy particular, fácilmente reconocible tras ver un par de películas. Los inicios profesionales de Woody fueron como escritor de chistes para una revista y posteriormente como monologuista, por ello el sentido del humor es una constante clara.  Su primera película como director y guionista es Toma el dinero y corre (1964), una sucesión de gags donde los chistes funcionan como un reloj, dejando su primera cita memorable: “Me enamoré inmediatamente. A los quince minutos quería casarme con ella. A los treinta, abandoné completamente la idea de robarle el bolso”. En otras películas de esa época como El Dormilón (1973) o Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar (1972) en la que muestra su lado más hilarante y excéntrico, dejándonos gags como el siguiente, una original narración de la carrera del espermatozoide:

Este estilo se repetirá en películas posteriores como Zelig (1983). Sin embargo el humor de Allen toma distintos matices en otras películas. Sueños de un seductor (1972) es la primera película considerada “estilo Woody Allen” ya que en ella aparecen con profundidad en los diálogos temas como el sexo o el psicoanálisis.

También es una muestra de un humor con ciertos aires de intelectualismo. Las referencias a escritores, filósofos o directores de cine son muy comunes en el cine de Allen, lo que hace que si el espectador no conoce ese mundo pueda perderse chistes muy ingeniosos. Un ejemplo es Love and Death (1975), una película que parodia la novela rusa plagada de referencias que van desde los Hermanos Marx a clásicos literarios como Guerra y Paz pasando por filósofos como Sócrates “Todos los hombres son mortales. Sócrates era mortal. Por lo tanto, todos los hombres son Sócrates. Lo que significa que todos los hombres son homosexuales”.

En clásicos como Manhattan (1979) o Annie Hall  (1977) asistimos a diálogos llenos de intelectualismo y referencias culturales, incluso en obras recientes como Irrational Men (2015) son un eje clave en el humor de Allen. Un ejemplo del afilado y sutil humor de Woody es la película Si la cosa funciona (2009) una de las mejores obras recientes, recomendada para todo tipo de público, ya seas fan de 50 sombras de Gray o de Pulp Fiction, te va a divertir. Protagonizada por el genial Larry David cuenta con uno de los mejores monólogos del cine:

De vez en cuando juega con lo políticamente incorrecto dejando frases como “Lo peor del Holocausto no es que perdiéramos a seis millones de los nuestros, sino que los récords están hechos para ser superados” (Desmontando a Harry); “Nunca había visto a una violinista de música clásica tan atractiva. Normalmente son todas refugiadas húngaras” (Recuerdos); “El Ku Klux Klan, para quien Zelig era un judío que se transformaba en negro e indio, vio en él una triple amenaza.” (Zelig).

 “El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores

Las películas más conocidas de Allen cuentan historias de amor, de una forma peculiar, eso si. En algunos casos mediante la narración de una relación como en Annie Hall pero es un tema que entra en juego cuando aparece el matrimonio, las infidelidades, el sexo, o cualquier discurso filosófico que Woody introduce en todos sus guiones. 

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En Annie Hall, todo un clásico, muestra la evolución de una pareja muy especial, Annie (Diane Keaton) y Aivy (Woody Allen). A través de un monólogo inicial nos adentramos en la historia de esta  extraña pero carismática pareja. En esta película Allen introduce elementos innovadores como la animación , introducción de escenas surrealistas., viajes a su infancia…Acaba, cómo no, con un chiste que resume muy bien la filosofía del director newyorkino sobre este tema:

Son llamativas las continuas referencias al sexo en sus películas, habitualmente sin relacionarlo con la idea del amor, lo trata como algo natural, importante y sin tabús. “El sexo vacío es mejor que la ausencia de sexo, ¿no?” (Recuerdos, 1980); “Nunca me divertí tanto sin reírme” (Annie Hall), “Usas el sexo para expresar cualquier emoción menos el amor” (Maridos y mujeres, 1992).

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Estos últimos aspectos se mezclan con otro tema recurrente en su filmografía, el matrimonio.

“Lo de mi exmarido y yo fue amor a primera vista. Debí echarle otro vistazo.”

Viendo las películas de Allen en las que este tema tiene un protagonismo especial, como en Maridos y Mujeres o Hannah y sus hermanasdos películas muy valoradas por la crítica. Es fácil sacar la conclusión de que Allen muestra una idea negativa sobre el matrimonio, como si este llevara a la propia destrucción de la pareja o representara la decadencia de la misma, “No quiero casarme, sólo quiero divorciarme” (Death and Love, 1975). Sus personajes habitualmente tienen a la infidelidad, o al menos a la inestabilidad emocional, desde el protagonista de Irrational Man (2015) interpretado por un magnífico Joaquin Phoenix hasta Isaac Davis,  el personaje protagonista de Manhattan, interpretado por Allen.

 “Entre Dios y el aire acondicionado, prefiero el aire acondicionado”

La religión aparece con frecuencia en los diálogos de sus películas. Woody Allen es judío, pero no practicante, y sus personajes tienen a estar del lado de la razón y el psicoanálisis. La razón se enfrenta a la fe y en otras ocasiones a la propia magia, como ocurre en Magia a la luz de la luna (2014) o en Scoop (2006) . La religión se presenta como una salida a las crisis existencialistas y dramáticas, como una vía fácil a ante todos los conflictos que la vida plantea, eso sí, suele mostrarse crítico con el catolicismo. “Primero se convierte en un asesino y ahora se hace cristiano. No sé qué es peor. ¿Qué he hecho yo para merecer un hijo así?” (Café Society, 2016); “Me crie en la confesión israelita, pero al hacerme adulto me convertí al narcisismo.” (Scoop);La gente debería aparearse para siempre como los pingüinos o como los católicos.” (Manhattan).

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Estas reflexiones aparecen en momentos dramáticos o cómicos, indistintamente. No siempre las crisis existencialistas de sus personajes tienen como origen la fe o el sentido del mundo, la muerte siempre suele estar presente. La muerte es una certeza pero también una angustia.

“–La ciencia es un callejón sin salida intelectual
–¿Entonces en qué crees?
–En el sexo y la muerte.”

La muerte aparece como posibilidad permanente pero también forma de suicidio o asesinato.  La aparición de este tema suele marcar un punto de inflexión en la forma de pensar de sus personajes,

El asesinato, salvo en Misterioso asesinato en Manhattan en la que el crimen es todo un misterio aparece como una forma de justicia (Irrational Man) o de solucionar problemas (Match Point).

Y ya que estamos con temas filosóficos podemos hablar de cómo el pesimismo o el nihilismo marcan la personalidad de muchos de los personajes más celebres de Allen. Un pesimismo muy alentador y reconfortante, también. Con gran carga freudiana.

Hablamos de los protagonistas de las películas de Allen, de los temas que tratan y de su forma de pensar. No podemos tener una imagen de ellos sin olvidarnos de uno de los grandes, de una base en la inspiración del director, la ciudad de New York. Películas como Manhattan son un autentico canto a la belleza de la ciudad, una radiografía de sus habitantes y de su estilo de vida. Woody Allen no es americano, es newyorkino,  y quizás sea por eso que su sentido del humor no acaba de encajar en la industria de EEUU (bueno, por eso y por su desprecio a Hoollywood), cabe decir que la película más taquillera en su propio país es Midnight in Paris (2011), rodada en París.

En Manhattan nos encontramos con una fotografía perfecta que alaba todos los encantos de la ciudad

Sin embargo, Allen aprovecha el ambiente newyorkino, el ciudadano de clase media-alta cosmopolita para criticar a una sociedad que considera decadente. Una sociedad en la que los valores vienen marcados por televisores y lo que importa es el dinero en la cuenta corriente. Un claro ejemplo es Blue Jasmine (2013), película protagonizada por Cate Blanchett que narra el descenso social de Jasmine.

Durante 47 películas, a través de temas muy diferenciados, Woody Allen hace un completo estudio social y antropológico, a la vez que divierte. Retrata una forma de pensar muy particular mediante personajes normalmente raros, hipocondríacos y excéntricos. Temas eternos que nunca aburren de los que la humanidad lleva siglos hablando. De todas formas, es preciso mencionar, películas como Match Point, en la que trata la idea del azar dejando de recuerdo una de sus mejores escena

O Midnight in Paris, una vuelta al París de principios del s.XX para derribar la creencia de que todo tiempo pasado fue mejor. Fantástica para nostálgicos. 

Sea como sea, la fiel legión de seguidores de Allen, depués de 47 películas, acudirá el año que viene al cine a ver la número 48. Sí, a volver a escuchar sus diálogos sobre la muerte, la religión o el amor porque, al fin y al cabo, es de lo que nunca dejaremos de hablar.

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@carme_dom

 

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