Hey, Lolita, hey!

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: La punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

Era Lo, sencillamente. Lo por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.

Quien tenga un poco de cultura sabrá que este es el inicio del libro Lolita, escrito por Vladimir Nabokov en la década de los 50. Una obra catalogada como pornográfica y censurada en varios países por ser un relato entre lo romántico y lo erótico. Se trata de uno de los comienzos más populares de la literatura contemporánea. Dos párrafos le bastan para mostrar su obsesión y admiración por la joven Lolita.

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No es de extrañar que a todos nos suene, su título lo dice todo. Lolita, la nínfula, el diablo, la obcecación del viejo Humbert Humbert, el de la sonrisa dostoievskiana, que hace todo lo posible por satisfacer cada uno de los caprichos de su amada. Vestidos, libros, zapatos, hoteles, revistas, recorrerse todo el país en un viejo coche. Ella tiene el poder. Él es su esclavo y ella lo sabe. Un hombre con un trauma de la niñez que le provocó una atracción por las niñas de entre 9 y 14 años, a las que él denomina nínfulas. A medida que conocemos al personaje, nos percatamos de que es bastante inestable emocional y psicológicamente, así como un hombre culto que reflexiona con detalle cada una de sus jugadas.

nínfula
“Entre los límites temporales de los nueve y catorce años surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana sino de ninfas (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas.”

El tratamiento que Nabokov le otorga a Humbert hace que nos apiademos de él que sufre por el comportamiento de Lolita, que solo lo utiliza. Que sintamos empatía por un pedófilo. Ser capaz de causar esto en el lector tiene mérito, ya que este personaje hace cosas realmente brutales, hasta el punto de darle somníferos a la niña para poder tener relaciones con ella. Pero no nos damos cuenta de ello, solo pensamos en el por qué del rechazo. Por otro lado, Lolita deja ver su faceta más caprichosa e infantil. En un principio parece estar de acuerdo con todo lo que Humbert desea, pero a medida que pasa el tiempo, como es típico en los niños, se cansa y lo utiliza a su antojo. Esta sensación se acentúa en el final del libro, donde el poder de Lolita acaba con Humbert por completo.

El estilo de Nabokov, basado en la minuciosa descripción de personajes, detalles insignificantes, paisajes y recuerdos, convierte a esta obra en un clásico universal. Si a esto le sumamos sus influencias, como la de Poe, y su innovador tema dejando a un lado los tabúes, da como resultado un libro que no pasa desapercibido.

Que el cineasta Stanley Kubrick haya llevado a la gran pantalla esta obra en 1962, le dio más que hablar. Nabokov, el cual se intengró en el equipo de rodaje, quería que el personaje de Lolita fuese representando por una niña más joven y no por Sue Lyon, a lo que Hollywood se negó. La principal diferencia entre la película y el libro es el aumento de edad de la protagonista de 12 a 14 años, por temor al impacto que podría desatar en la sociedad.

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Se podría definir el libro con una palabra: denso. Sufre una evolución a medida que avanza. Comienza con un argumento muy fuerte que te causa incertidumbre al instante que luego va desapareciendo por la pesadez de las descripciones y la falta de trama. Pierde el dinamismo paulatinamente que acaba por recuperar al final de la obra. Esta es la razón principal por la cual tardé en acabar el libro unos seis meses, se acaba haciendo pesado con tanto francés y recuerdos frustrados.

Hoy en día esta obra nos deja muchas influencias, como el término “lolita”, que se populariza en Francia en los años 70 para denominar a aquellas jóvenes rubias y estilizadas capaces de seducir a cualquier individuo. Hasta la misma Lana del Rey se basó en esta obra literaria para crear sus canciones Lolita y Off to the Races.

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Laurita Ledo

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