Al tercer día, Mel Gibson resucitó

En los años 90 y principios de los 2000, Mel Gibson lo tenía todo. Las mujeres lo deseaban, los hombres lo admiraban, tenía Hollywood a sus pies e incluso protagonizaba un capítulo de Los Simpsons. Todo cambió cuando hizo lo que nunca se debe hacer en la meca del cine: atacar a los que la manejan, los judíos. Ahí empezó su penitencia por el desierto.

¿Hay que diferenciar el arte de la vida privada?

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Esta es una pregunta que es imposible responder en un párrafo. Sería un debate que podríamos desarrollar durante horas y aún así no llegar a ningún lugar. Hollywood hace la vista gorda dependiendo de quién es el implicado y cuál es su pecado. Por ejemplo, la película El nacimiento de una nación se postulaba como la gran favorita al Oscar, tras arrasar en Sundance y la polémica de los “Oscar so White”. Cuando Nate Parker saboreaba las mieles del éxito, una polémica de su pasado lo hundió. Resulta que la revista Variety destapó que Parker y un amigo habían violado a una chica en la universidad. Aunque fue declarado inocente, la chica se suicidó en 2012. Quizás Nate Parker no era lo suficientemente famoso como para enfrentarse a semejante acusación. Bien distinta es la historia de Casey Affleck. El actor fue acusado por trabajadoras de una de sus películas de machismo y acoso sexual. Esto importó poco a Hollywood, y Affleck va lanzado a por el Oscar. ¿Hay un doble rasero en Hollywood? 

Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta

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Parece que Hollywood se dio cuenta de que Mel Gibson era un cabrón cuando se metió con los judíos. Esto resulta muy hipócrita, ya que Gibson ha sido un machista y un homófobo toda su vida. En 1991, durante la presentación de Hamlet en Madrid, Gibson lanzó varios improperios contra los homosexuales y lo remató señalándose el culo y diciendo: “Esto sirve para hacer caca”. Daba igual, era la época en la que Arévalo rompía audiencias haciendo chistes de mariquitas y gangosos. Esto se dejaba a un lado y se valoraba a Gibson en su trabajo; así, en 1995, se coronaba como el rey en la piel de William Wallace en el clásico Bravehart. La película se llevó 5 Oscars, entre los que destacan película y director. Bravehart es sin duda su mejor película, aunque Apocalypto también es una cinta muy estimable que merece ser vista. El problema de Gibson vino en 2006, cuando le gritó a un policía: “los putos judíos sois los culpables de todas las guerras de la humanidad”. Esto, unido a la polémica que generó La pasión de Cristo, envió a Mel Gibson a un ostracismo del que ha tardado una década en salir.

Hasta el último hombre: Su segunda hora es la mejor película bélica de la década

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Tras esta reflexión sobre Hollywood y la vida privada de Gibson llegamos a la película que lo ha resucitado, Hasta el último hombre. La película nos cuenta la historia real de un hombre que hizo objeción de conciencia durante la II Guerra Mundial y se negó a llevar un arma. Un director dijo una vez que la primera parte de La chaqueta metálica era la mejor película de la historia. Pasa una cosa similar con esta película, pero a la inversa. La primera hora de esta película parece un telefilme católico que haría las delicias de los espectadores de 13TV. Todo cambia cuando comienza la parte bélica, con un disparo que, como si se tratase de una carrera, da el inicio a una hora frenética del mejor cine bélico. En esa parte me centraré, porque aunque el comienzo sea flojo, merece la pena aguantarlo por el espectáculo que verás después. Gibson maneja la cámara a la perfección, recordando al Spielberg de Salvar al soldado Ryan. El director te sumerge de lleno en la batalla, te sientes como un soldado más, viviendo los horrores de la guerra. Gibson no se corta, la guerra es dura y la muestra como tal, hay mucho gore, pero no es gratuito. La fotografía de la batalla, oscura y sucia, también ayuda a conseguir esta sensación. Por otra parte, en cuanto al reparto, el que más destaca es su protagonista, Andrew Garfield (y su pelazo), que cumple a la perfección. El fenómeno La La Land le pone casi imposible ganar un Oscar, pero quizás en otro año sería una dura competidora. Tras años donde el género se ha topado con películas irregulares como El francotirador o Corazones de acero, Gibson ha conseguido alcanzar ese nivel que dejó en lo alto Spielberg con Salvar al soldado Ryan.

Parecía que estaba acabado, pero el arte ha salvado a Mel Gibson. Hollywood lo ha perdonado. Veremos ahora si no se vuelve a meter en ningún lío. Eso sí, solo esperamos una cosa: que se le juzgue por igual cuando sea un antisemita, que cuando sea un machista o un homófobo. La hipocresía y el doble rasero en Hollywood deben desaparecer.

 

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Adrián Lede (@Thefisionboy)
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