Primero fue Whiplash

En 2014 un joven director estadounidense sorprendió a Hollywood. Dos años después arrasa en los Globos de Oro y su película es la gran favorita para los Oscars. Hablamos, por supuesto, de Damien Chazelle, el director de La La Land (2016) y de Whiplash (2014). A falta de unos días del estreno en España de su última película, que tanta espectación está generando, os invitamos a dedicar unos minutos a descubrir Whiplash. Mejor dicho, os invito a que me dejéis, durante unos minutos, convenceros para verla y para reivindicarla cada vez que escuchéis halagos hacia el “director de La La Land“.

Antes de dedicarse plenamente al cine Damien Chazelle se formó como batería de jazz en Princeton Hight School. Esta experiencia le sirvió de inspiración para escribir un guión sobre un joven batería de jazz cuyo sueño es triunfar en la música, cueste lo que cueste. El guión acabó en un cajón, como tantas grandes obras. Cuando lo presentó a una productora lo rechazaron, como tantas grandes obras. En 2013 llegó su oportunidad y puso en marcha el guión pero, en lugar de hacer una película, sólo le dejaron presupuesto para un cortometraje. Triunfó en el Festival de Sundance y comenzó el rodaje de la película.

 

“No quite my tempo”

Sobre un fondo negro sólo escuchamos los golpes rítmicos de un batería. Suena como la banda sonora de cualquier thriller, llena de tensión.En el libreto original Challenze escribía«Los golpes crecen tan rápido que comienzan a difuminarse entre ellos. Como en un tiroteo»  Pero esto no es un thriller. Poco a poco avanzamos hacia el protagonista de semejante alboroto, Andrew Neiman. La película es el camino de sacrificio que recorre Andrew con el fin de lograr superarse a si mismo, una y otra vez. Con complejo de incomprendido no entiende que en su familia sus éxitos no signifiquen nada mientras alaban logros deportivos. Presionado siempre por su exigente profesor,Terence Fletcher ( J.K Simmons). Exigente es poco decir, sus métodos torturan a sus alumnos, “no hay palabras más dañinas que buen trabajo”. Los humilla en cada clase para explotar hasta la última pizca de talento de cada uno. Un personaje aparentemente sin sentimientos que roza la psicopatía aunque, según él, sólo quiere que los alumnos superen sus límites para poder regalarle al mundo al próximo Charlie Parker. Este es uno de los debates que plantea la película al espectador, ¿el artista nace o se hace? ¿Talento o trabajo? Como ya se hizo en Cisne Negro son numerosas las escenas que muestran, literalmente, la sangre y el sudor de Andrew.

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El sufrimiento físico y también las renuncias a cosas cotidianas con el fin de dedicar el máximo de tiempo posible a trabajar. No sabemos si eso es suficiente, no sabemos si Andrew es realmente talentoso, o si Fletcher lo es. Whiplash no es una alegoría a la llamada “cultura del esfuerzo” ni una historia de superación. Narrada en forma de thriller con una banda sonora magnífica enfrenta a dos personajes y a dos actores. Con ritmo y tensión constantes no pretende dar un mensaje sobre nada ni dar lecciones a un espectador que, mientras disfruta la película, comienza a darle vueltas a varios temas.

Un duelo con jazz de fondo

Podríamos decir que Andrew y su profesor son dos caras de la misma moneda. El joven aspirante al éxito y el hombre que no lo logró. Las frustraciones y los sueños de ambos se muestran en diálogos rodados en locales de jazz oscuros o en aulas de un Conservatorio que en ocasiones parece un templo del arte, en otras una cárcel. Todo rodado desde el punto de vista de Andrew, la cámara no duda ni un momento quién es el protagonista. El trabajo de J.K Simmons fue muy reconocido con varios premios, entre ellos el Oscar a Mejor Actor de Reparto. Escapa de mi conocimiento por qué Miles Teller pasó un poco más desapercibido. Al margen de cuestiones técnicas que un experto en percusión podrá resolver como si la batería se toca exactamente así o no. Teller hace un trabajo excelente con su personaje, el guión era exigente pues hay muchas situaciones emocionalmente dispares pero Teller las interioriza de forma natural. Casi podemos leerle la mente a su personaje en cada escena. Simmons es una bomba de relojería, pasa del carisma a la furia en cuestión de segundos. Cada vez que entra en escena arrasa pero ni su alumno ni el actor al que se enfrenta lo dejan. Miles Teller se pone a la altura de los grandes, el alumno quiere superar al maestro en la ficción y en la realidad.

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Sin duda son los protagonistas totales de la película pero es una pena que el elenco de secundarios sea tan funcional. Quizás se deba al proceso de pasar de cortometraje a película que tuvieron que rellenar minutos con algún drama por el medio. No está mal, todo lo contrario, completan la historia principal y son indispensables para entenderla en su totalidad. No todo van a ser clases en el Conservatorio y conciertos, hay espacio para lo cotidiano. La impresión que dan personajes como el padre de Andrew o la chica con la que sale es que están construidos para, de alguna forma, completarlo.

La cámara sabe cuando acercarse a sus personajes y cuando dejarlos respirar. Obviamente la música es un elemento importante, en todas las películas de Chellenze lo es pero la banda sonora dota de un ritmo frenético a la película muy peculiar. El oscarizado montaje hace que en la carrera a fondo que es la película lleguemos al final sin aliento. El final. Y qué final. Una escena en la que culmina todo lo anterior. El tiroteo del que hablaba Chazelle.

Antes y después de La La Land

Como ya comentaba, Whiplash fue una sorpresa en los Oscar de 2014 y el mundo del cine puso los ojos en su director. Dos años después, consigue hacer la película más premiada en los Globos de Oro. Es evidente que el tono y temática de La La Land es totalmente distinto a Whiplash. Pasa de hacer una película con aires independientes, rodada en menos de 30 días y con actores poco conocidos como Miles Teller (aunque su papel protagonista en The Spectacular Now fue reconocido en Sundance) a una producción musical hollywoodiense. El mayor presupuesto es evidente y pudo contar con Ryan Gostling y Emma Stone, actores ya consagrados y que tienen a sus espaldas una mezcla entre papeles maravillosos (Drive, Birdman respectivamente) y otros no tanto (El diario de Noah, Rumores y mentiras). A dos días del estreno en España poco podemos comentar de La La Land. Sólo esperamos que todos los reconocimientos que está recibiendo sean merecidos. Respecto a su director con esta película veremos si consolida su carrera y no decepciona con las siguientes, como le pasó a Xavier Dolan, otra joven promesa que después de una gran película, decepcionó a gran parte de su público.

Pase lo que pase siempre nos quedará Whiplash. Quizás sea de esas películas olvidadas por el mundo del cine dentro de unos años. O quizás pase a ser aquella “primera película del de La La Land” que algunos cinéfilos reclamarán como obra de culto de su director.

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Carme Domínguez

(@carme_dom)

 

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