Black Mirror: la distopía culmina en San Junipero

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Si 1984, de George Orwell es la distopía del s.XX por excelencia Black Mirror probablemente sea la de nuestro siglo, o por lo menos de lo que llevamos de él. Para muchos analistas hay grandes similitudes entre el mundo creado por Orwell en 1984 y la sociedad actual, ya vivimos en ese Gran Hermano, ahora Black Mirror nos hace plantearnos a dónde vamos y la respuesta que da su creador, Charlie Brooker, quizás no sea del todo esperanzadora.

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“Ahora puedo esperar hablarle a máquinas para el resto de mi vida. Hoy es Siri. Mañana será un coche que hable. Pasado estaré bromeando con un ocurrente vaso de smoothie. Para cuando tenga 70 estaré manteniendo conversaciones con imitaciones sinestésicas de gente a la que conocí una vez que consecuentemente ha muerto. Quizá oiré sus voces en mi cabeza. Quizá es así como será.” Charlie Brooker

Durante los 12 capítulos, cada uno cuenta una historia independiente,  que suman sus tres temporadas descubrimos una visión, bastante pesimista, del impacto cada vez mayor de la tecnología en nuestras vidas. El impacto en los modelos de sociedad pero también en la vida cotidiana de las personas. Es una visión cara al futuro pero contiene una gran crítica social y un análisis sobre el ser humano.

Bien es cierto que cada capítulo merece su propio análisis (y quizás nos encarguemos de ello algún día) pero nos centraremos en tres, uno de cada temporada. Quizás los elegidos para esta santa trinidad son los que mas lejos están de algunas marcas de la casa de Black Mirror. Hay capítulos más críticos y agresivos. Pero después de ver San Junipero consideramos que The entire history of you Be right back son los pasos previos al llegar al cielo.

ATENCIÓN: Obviamente hay spoilers pero si aún no visteis esta joya los tenéis merecidos.

The entire history of you, 1×03

Partimos de que el primer capítulo de Black Mirror es espectacular, El himno nacional, refleja la influencia de los medios de comunicación de masas, el poder de internet y lado oscuro y morbosos de una sociedad supuestamente civilizada, a la vez que presenta a personajes con grandes dilemas morales que hacen reflexionar al espectador. En el capítulo tres, en cambio, lleva la era tecnológica a la pequeña escala, a lo más personal, las relaciones humanas. A discusiones, desconfianza, temores y demás problemas en una relación de pareja.

En este hipotético futuro cada persona tiene un “grano” implantado, un chip que graba cada momento de su vida y permite que la persona lo revise después. Asistimos a la muerte de los recuerdos, ahora son vídeos con los que podremos revivir esos momentos cuando queramos, podemos compartirlos con amigos y las autoridades tendrán acceso a ellos de la misma forma que ahora acceden a un DNI. También se podría decir que asistimos a la muerte de la privacidad.

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Una charla de amigos, revisan sus vídeos, los comentan y hablan de lo que llevamos hablando siglos: sexo y política. Algo tan desgraciadamente humano como lo que le pasa al protagonista cuando nota la complicidad de su pareja con otro hombre: aparecen los celos. Porque por mucho avance tecnológico que haya el orgullo masculino sigue ahí. A partir de ahí se desencadena el caos en el protagonista. Dejemos la trama a un lado porque es mejor que veáis el capítulo.

Lo destacable es la posibilidad, no tan descabellada, de poder vivir el pasado cuando queramos. De volver a los mejores momentos de nuestra vida una y otra vez. O borrarlos. Con todo lo bueno y con lo malo. Es un capítulo que trata los sentimientos de una forma cuidadosa y brutal a la vez, una tormenta que hará añicos las vidas de los protagonistas. Actores creíbles y un guión redondo que controla los tiempos. Charlie Brooker nos hace desconfiar de los llamados “avances tecnológicos” mostrando el lado más sencillo y humano de sus consecuencias.

Be right back, 2×01

La segunda temporada acaba en la línea del final de la primera, a pequeña escala. En este capítulo nos enfrentamos al tema más universal y la gran incógnita para el hombre: la muerte.

¿Y si pudiéramos enviar un último mensaje? ¿Tener una última conversación? ¿Lo haríamos? Y, ¿sería bueno para nosotros o solo aumentaría nuestro dolor?

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Durante toda nuestra vida vamos dejando un rastro en internet significativo. Los emails que enviamos, fotos que subimos, páginas que consultamos, búsquedas, películas que vemos, comentarios, redes sociales...Formamos una personalidad onlinecon su forma de expresarse, sus preferencias..pero ¿es real? ¿Somos lo que mostramos en nuestras redes?

Charlie Brooker nos da la opción de ser eternos mediante algoritmos basados en nuestro rastro en internet que crearían esa versión de nosotros mismos que intentamos ser. ¿Puede una máquina substituir a un humano? Con el riesgo de que el capítulo se torne ridículo en algún momento Brooker lo supera con maestría. Muestra las contradicciones entre lo que somos y lo que aparentamos ser, entre lo que la gente ve en nuestras redes sociales y lo que ve la gente que nos conoce y nos quiere.

En este capítulo reina una atmósfera fría, gracias a una fotografía cuidada y al ambiente solitario en el que se enmarca la historia. Son fríos los colores y lo es también saber que sólo uno de los dos protagonistas es humano. La tecnología no resucitó a nadie y el dolor de la pérdida sólo se puede paliar despidiéndose.

San Junipero, 3×04

Entire history of you Be right back tienen varios puntos en común que hacen que funcionen perfectamente a nivel técnico y de cara al público. En primer lugar muestran aspectos, problemas o dificultades a raíz de una relación. Nos presenta a los personajes con el tiempo justo para que los conozcamos, entendamos y podamos llegar a empatizar con ellos. Al mismo tiempo que descubrimos la sociedad en la que viven y gadget tecnológico que desencadenará la tragedia. Si, en ambos la tecnología parece ser algo increíble pero al acabar el capítulo todos pensamos en que nos destrozaría la vida. Los tiempos están perfectamente controlados, una introducción sencilla y clara, un nudo dramático y tormentoso y un final claro y triste, al estilo Black Mirror.

San Junipero comparte muchos de estos trazos en su máximo exponente además de introducir algún otro que hace que Black Mirror, por fin, nos vuelva a sorprender. 

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Lo que más impresiona cuando lo empezamos a ver es su ambientación. Esta vez viajamos al pasado, años 80, respondiendo a esta era de la nostalgia de la que también se aprovecharon en Stranger Things y en películas como Sing Street. LLegamos a San Junipero, un paraíso terrenal en el que todo parece ser fiesta.Vamos a discotecas donde suenan The Bangles y las hombreras están a la orden del día. Deja a un lado todo el tema tecnológico y se toma su tiempo para dejarnos conocer a Kelly y Yorkie. Dos mujeres en apariencia completamente disitintas con una química que no tardamos en notar (las actrices no podían estar mejor elegidas). Nos dan el tiempo suficiente para cogerles cariño aunque en realidad no sabemos nada.

San Junipero no descubre sus cartas hasta la mitad del capítulo, donde desorientados comenzamos a viajar desde 1987 a 2002, pasando por 1996. Y comenzamos a entender.  Un giro de guión increíble que hace que todas las pistas que nos dejaron caer anteriormente encajen. No hay chips que graban nuestras vivencias, ni clones robóticos que aparecen cuando morimos, la humanidad ha logrado lo que la religión lleva siglos predicando: el cielo. La vida eterna es el culmen de la evolución tecnológica del ser humano. La culminación de toda distopía presente en Black Mirror.

San Junipero es una segunda oportunidad para Kelly y Yorkie, una promesa de eternidad (y vivir una eternidad a caballo entre los 80 y los 90 me parece una muy buena eternidad). San Junipero es el cielo de los ateos, con su particular concepto de infierno en una discoteca random. Pero, ¿estaríamos dispuestos a vivir para siempre en un lugar donde no existe el dolor y todo es fiesta? El primer impulso es decir que si, nuestras protagonistas no lo tendrán tan claro y nos harán plantearnos bastantes cuestiones al respecto.

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Sin engañarnos, es una historia de amor entre dos mujeres. Por fin nos despedimos de la idea del amor romántico hetero para acercarnos a la realidad de muchas personas. Sorprendentemente, tiene un final feliz. Como dijo Charlie Brooker “Si los episodios siempre tuviesen un final triste lo cierto es que nos convertiremos en predecibles”. En este caso la tecnología no aboca a un final trágico, no es la culpable de los desastres humanos lo que es un gran cambio respecto a otros capítulos. Este capítulo nos sorprende constantemente, nos regala un final feliz pero nos deja de todo menos tranquilos.

Acompañado de una banda sonora perfectamente elegida que podría contar la historia por sí misma. Con «Don’t You (Forget About Me)» de Simple Minds, «Girlfriend In A Coma» de The Smiths…y la incónica <> como auténtico himno.

En definitiva, Black Mirror no es una serie que pretende dar lecciones de nada, su mensaje no es que deberíamos renegar de la tecnología. Simplemente nos ofrece un espejo donde reflejarnos, un espejo negro que invita a reflexionar sobre la sociedad que estamos construyendo, sobre nuestros valores. Pero también nos recuerda que hagamos lo que hagamos no podemos escapar a nuestra condición de humanos, con todo lo que eso significa.

-Carme Domínguez

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